Ilustraciones

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viernes, 20 de agosto de 2010

Ruth

Mientras bajaba la colina lo vi descender de la barca. Una multitud lo esperaba junto al mar, todos querían estar junto a Él.
Un hombre se le acercó y se pusieron en marcha, el gentío también comenzó a desplazarse, era casi imposible llegar a su lado.
Con dificultad traté de abrirme paso, aunque por momentos sentía que mis piernas se quebraban, seguía caminado y con mis brazos intentaba aproximarme.
Su figura se imponía al resto de la multitud, lo llamaban Rabí, sus virtudes superaban todo lo visto y oído.
Mi cuerpo se resistía, ya no me quedaban fuerzas.
Hacía diez años que el sufrimiento me cercaba, las hemorragias me habían debilitado y según la ley estaba impura.
Mi última esperanza era llegar a Él, una fuerza interior me guiaba, no sabía en realidad el porqué pero necesitaba estar allí.
Apresuré nuevamente mi marcha, estiré mi mano y lo alcancé.
Una vibración nueva se apoderó de mí, sentí que las fuerzas volvían a mi cuerpo, un gozo inmenso me invadió. Él giró sobre sí y con una mirada dulce e inefable preguntó - ¿Quién me ha tocado? – sus acompañantes cercanos le contestaron - ¿Cómo preguntas quién te ha tocado, no ves este gentío que te rodea?
Pero Él me buscó con la mirada, aunque yo avergonzada y temerosa me escondía.
-¡Mujer, tu fe te ha salvado! Vete en paz y queda curada de tu enfermedad.
Todos miraban sin entender, pero dentro de mi alma tuve la certeza de que la salvación había llegado.

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