En tu vientre se esconden los frutos de la vida.
Tu corazón es nido que cobija a los hijos.
Tu mirada es el faro que conduce a destino.
Puedes mover la aguja o el telar con tus manos,
puedes brindar caricias que alivien el dolor,
puedes ser cual leona que protege a su cría.
Amasas con ternura el pan y los consejos,
recibes en tus brazos al niño dolorido,
escuchas alegrías y angustias sin descanso.
Tu destino, mujer, se teje con la historia
los hilos se entrelazan y forman el tapiz,
junto al hombre que lucha y al hombre que padece.
Eres la artesana del mágico equilibrio,
tu intuición tiene a veces valor premonitorio
para acunar silencios y prevenir heridas.
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